Yo recuerdo todavía a la condesa muerta

Yo recuerdo, todavía,

a la condesa muerta.

Sí, yo la recuerdo todavía.

Era tan bella como bondadosa

y su presencia

iluminaba nuestra vida

en esta región triste,

y se celebraron

en su honor

mil fiestas

y hubo después mil llantos,

y la vimos morir lentamente,

languidecer,

en lo más pleno de su juventud,

en la que debía ser

su edad más hermosa.

Sí, yo la recuerdo todavía.

Vino esta noche a mí

en sueños,

aunque no sé si dormía.

Y me dijo: “¿me recuerdas?”

Y vi sus labios rojos,

y sus dientes blancos,

y esos ojos en los que,

¡ay dolor!,

si antaño eran tiernos

reconocí anoche maldad e ironía.

Y yo le dije:”Te recuerdo.”

Y me dormí profundamente.

Y desperté hoy

en medio de la bruma,

y me pesaba la cabeza

y no recordaba nada

hasta que vi

en mi almohada

una gota de sangre, roja.

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